Desde que tengo memoria mis padres han trabajado muy duro para darnos un futuro a mi y a mis hermanos. Me llamo Cristopher Maldonado Urbinas. Tengo 15 años y soy de Honduras. En mi familia somos cinco: mi hermano mayor, mi hermana menor, mi papá y mi mamá. Hemos sido una familia unida. Pero en el 2019 nos fuimos del país por las pandillas y maras. Fuimos unos de los muchos afectados por amenazas de muerte del crimen organizado. Yo tenía 9 años.
Asi que tuvimos que irnos de Honduras. En el camino a Guatemala tuvimos que viajar en bus. Cuando llegamos a Guatemala, anduvimos de madrugada por las calles buscando algun lugar en donde quedarnos. Gracias a Dios, mis padres nunca se descuidaron: luego de una larga búsqueda, encontramos un hotel de bajos recursos para quedarnos. Mi madre nos lavaba la ropa a mano para que nosotros nos diéramos una ducha. Dejamos la ropa secando hasta la madrugada, cuando salimos para seguir nuestro viaje
En un momento cruzamos por un río hacia México; en ese lugar había muchos policías. Pero no nos vieron porque pasamos por debajo de un puente, en el río mismo, contra una corriente fuerte.
Cuando por fin llegamos a México, habíamos llegado al estado de Chiapas. Era de madrugada, y de nuevo buscamos un hotel donde quedarnos unas horas. Al dia siguiente salimos a buscar un lugar donde poder comer o comprar comida. Por suerte por esa zona tuvimos unos familiares de unos conocidos, quienes nos dejaron quedarnos en esa casa.
Estuvimos ahí aproximadamente uno o dos meses.
Un día, vimos una noticia que mostraba personas de Haití que habían hecho una caravana. La caravana se iba a reunir en el centro de Chiapas en un parque muy lindo. Decidimos unirnos con ellos para hacer el viaje hacía el norte. Cuando las personas se reunieron estuvimos con ellos, y empezamos a caminar hacia un lugar llamado Viva México, donde la migración nos estaba esperando con la guardia nacional con la intención de detenernos y destruir la caravana. Los oficiales hicieron un muro de personas para detenernos – pero no pudieron con todos.
Después de caminar muchos kilómetros debajo del sol y de lluvia llegamos a un pueblo llamado Mapastepec. Ahí nos agarraron, y por primera vez fuimos detenidos. Para no hacer la historia muy larga, tomamos dos caravanas más. Cuando estuvimos en la tercera, llegó la migración con buses ofreciendo ayudar a las personas a llegar más cerca de la frontera y con un permiso. Nosotros desconfiamos un poco, pero teníamos más confianza en Dios. Subimos a uno de los buses, y nos llevaron a un lugar donde nos dijeron que nos darían el permiso. Y a pesar de nuestras dudas, así fue. Cuando nos dieron ese documento nos llevaron a Guadalajara.
Fue el único bus que llegó más lejos que los demás. Gracias a Dios, llegamos a Guadalajara, y nos fuimos hacia Ciudad Juárez. Ahí nos tuvimos que quedar en un albergue donde fuimos maltratados, y nos tuvieron que trasladar a un albergue diferente. En ese tiempo quisimos aplicar para el asilo en este país, lo cual requirió que descargamos una aplicación llamada “CBP One” que nos permitía comunicarnos oficialmente con el gobierno de este país. Con eso, los agentes que nos habían acompañados nos cruzaron la frontera legalmente. Pero en todo este transcurso, sufrimos mucho.
Al estar en la frontera necesitábamos a alguien residente que nos recibiera para poder pasar – gracias a Dios hubo una persona llamada Elena que nos recibió. Cuando entramos a los estados unidos fuimos a vivir en un apartamento donde vivía un amigo de la infancia de mi mama
Mi papa empezó a trabajar al día siguiente y mi mamá se quedaba en la casa ayudándonos y haciendo los trámites de la escuela donde teníamos que ir mi hermana y yo. Entré a séptimo grado en una escuela llamada Ojeda, pero a mitad de year nos cambiaron por que mi hermana fue víctima del bullying – mi hermana tenía traumas desde México por maltrato de personas que no conocíamos pero así es la vida de inmigrante.
Luego me cambiaron a una escuela llamada Lamar. Y la verdad no me arrepiento por que Lamar es una escuela muy especial – es una escuela donde los maestros son excelentes y no hay racismo.Y también en la escuela a mi hermana le ayudaron mucho con sus traumas y miedos. Mi hermanita sigue en Ridgetop, y yo entré a McCallum. Ha sido la mejor para mi porque gracias a Dios me he sentido muy bien y ademas son muy atentos los maestros.
Sólo con recordar lo que pasamos yo y mi familia, me duele mucho. Pero a la vez me siento mejor porque el esfuerzo valió la pena. Soy músico, sirvo a Dios, y ahora estamos más estables. Gracias a Dios, cada dolor de pierna, cada dolor de cabeza valió la pena. Tengo un futuro. Mi familia me apoya, y todos servimos a Dios. Por eso, sobre todo, a pesar de todo lo que pasamos, estoy muy agradecido con Dios. Y deseo lo mejor para esas personas que están pasando lo mismo que yo pasé.
